12 octubre 2006

Un tributo a la Madre

Un poema que escribí hace un tiempo para la Madre, cuando empezaba a descubrirla. Es en parte una respuesta a mi propio pasado como persona criada en una familia católica.

Una de nosotros

Sostenida en brazos de la luz,
la suave caricia de la esperanza arrulla mi corazón.
Susurradas palabras de eterna calma,
devota protección.
No una imagen o una estatua
en algún lugar frío y desolado,
piedra desnuda e incienso sofocante,
sino una silenciosa presencia a mi lado,
velando por mí día y noche,
en los tiempos bienaventurados y en los duros,
en el amanecer brillante
y en el dorado atardecer.
Un signo, un llamado,
una pregunta
y un “sí”.
Sobrecogedora fuente
de amor y comprensión;
paciencia a toda prueba.
Promesa de puertos seguros y tormentas;
inagotables montones
de un irónico sentido del humor.
Una mano extendida
en un mundo de rígidas máscaras
seres ciegos, sordos y mudos.
Contra todos los dogmas y los malentendidos,
en lugar de aquella irritante
imagen de perfección,
una compañera en el camino,
cálido manto protector.
Locura y cordura entremezcladas,
magia sagrada.
Tu dulce presencia me mantiene a flote
cuando la confusión y el dolor me inundan,
cuando el mundo aplasta mi inocencia
y toda certeza se desvanece.
Mi Diosa,
mi salvación.

Anné.
14/8/06